Una mujer sin nombre ni apodo vive sola en una casa y siempre ha sentido que una sombra organizada de seres maneja el destino de cada acción que realiza: el movimiento de sus ojos, de su pecho al respirar, el conjunto de oscilaciones que componen un estornudo. Es como si alguien estudiara el movimiento humano de manera minuciosa y guiara su accionar.
Persigue su inmortalidad: desea reproducirse a sí misma, no en el sentido biológico, a través de su propio cuerpo, sino material. Allí encuentra sentido a su existencia: la obsesión de construir sus réplicas, a pesar de su falta de amor propio. Quiere ser ella la sombra que maneje el destino de otra y contemplar luego el deseo de esa creación de convertirse, a su vez, en la sombra de otra reproducción.